El día que conocí las IPAs

La primera vez que me enfrenté a un vaso de IPA fue durante una cata guiada. Para ese entonces ya habíamos decidido que queríamos mover nuestra orientación profesional hacia el apasionado mundo de las cervezas artesanales. Apasionado porque como ya lo hemos contado algunas veces en este blog, la mitad de las razones para tomar decisiones en este sector es, antes que la razón: el ímpetu, el chispazo, el puro amor a la camiseta.

Pero el momento en que pasó la cata estábamos en un punto distinto en nuestras vidas. En aquella época éramos personas muy juiciosas y diligentes. Yo pensaba estratégicamente que tener a una persona contándonos historias sobre cervezas mientras probábamos distintos estilos era el modo más eficiente de conocer nuestro mercado. Nuestro target. Nuestro producto. Que poquito sabíamos de la cerveza y de lo que realmente significa.

Pero esa noche comenzó así. La guía nos contaba historias sobre las primeras cervezas fabricadas en Egipto hace miles de años. O la curiosa historia de la cerveza que era transportada a la India y a la que se le añadió más lúpulo para que aguantara mejor el viaje, y que con el tiempo se transformó en un estilo conocido como la Pale Ale de la India y que hoy tiene un día en el calendario dedicado exclusivamente a su memoria.

Los que estábamos esa noche éramos mayormente desconocidos y la timidez o el recelo habitual nos mantenía muy reservados. Cada uno en su subgrupo. La guia, con la experiencia de haber hecho muchos de estos talleres antes nos dijo con una media sonrisa: bueno, tranquilos, ya van a ver cómo salimos de aquí siendo los mejores amigos. Aquí empecé a entender lo que significaba la cerveza, la buena cerveza. Empecé a entender que tenía más que ver con compartir. Con hablar un poquito más desde el corazón. Con coleccionar recuerdos, momentos, aromas y sabores.

 

LA IPA fue la tercera que probamos en una serie de 8 cervezas. La botella era preciosa. Celeste y blanca. Punk. Irreverente. Cool. El aroma prometía una experiencia diferente a todo lo que habíamos probado hasta ese momento de nuestras vidas. Fresco, como si hubieras metido la cabeza en un congelador. Cítrico, sugerente y zen, como lo que te inspira una hierba luisa. Hasta que probé el primer sorbo y se fue a la mierda la experiencia. El amargor fue demasiado para mi. Yo no sé cómo habrá sido la cara de los marineros que probaron las primeras IPAs, pero la mia calculo que más o menos así:

Fuente: Fotograma de Spot Gencan (Gremi d´elaboradors de cervesa artesanal i natural) https://www.youtube.com/watch?v=O_oiABZ-UZ0

Luego fui descubriendo que es más o menos normal esta reacción. El dulce y el salado son sabores sencillos para nuestro paladar. Desde que somos niños estos sabores nos parecen agradables. En cambio el ácido o el picante son más bien gustos que vamos adquiriendo con la edad. El amargor está incluso más allá. Más lejos dentro de nuestro espectro de sabores peruanos. Y por esto mismo nos suele “costar un poco más” cogerle el gusto. Digo que es más o menos normal porque luego están los que se enamoran a primera vista. Los que sin mayor explicación les encanta el sabor del lúpulo desde el minuto uno. Sea cual sea tu caso, lo que seguramente pasará, como con cualquier gusto adquirido, es que poco a poco lo empiezas a entender, a disfrutar, a valorar, a apreciar. Y luego, sin darte cuenta, un día descubres que extrañas el sabor amargo. Ya está dentro de tu dieta diaria de sabores. Ese día probablemente te veas más como éste (las barbas son opcionales):

Fuente: Fotograma de Spot Gencan (Gremi d´elaboradors de cervesa artesanal i natural) https://www.youtube.com/watch?v=O_oiABZ-UZ0

La noche de cata terminó tal como la guía había predicho. Las conversaciones fluían entre los grupos y era como si todos fuéramos un poco más sinceros, un poco más amigos y con menos necesidad de defendernos. Bajamos cantando por la calle camino a nuestras casas listos para dormir.

Nota final para tener en cuenta en una cata. Cuando llevas 2 litros de chela en el cuerpo o 6 estilos distintos, todo empieza a saber igual. Así que es una buena idea dejarla ahí. Esto no aplica para los jueces cerveceros. Estos personajes son de otro planeta, y están habituados a probar decenas de muestras de cervezas por día y estar en la perfecta capacidad de reconocer aromas, sabores, texturas y estilos.


Un comentario

Cerveza artesanal en buenos aires

Lindo articulo! Las ipas… ese amor para toda la vida… Saludos!!!


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