Cuando abrimos la tienda, allá por el 2015, estábamos buscando nuestro lugar en el mundo.
Teníamos más preguntas que respuestas, pero nuestra propuesta era muy clara: explorar el mundo cervecero y acercarlo a los peruanos. Y hacerlo con alegría, disfrutando cada momento y cada paso. En ese entonces existían apenas unas 10 cervecerías artesanales en el país, y muy pocos lugares donde probar o comprar sus cervezas.
Hoy las cosas han cambiado. Esta humilde barra cumplió el papel que tenía que cumplir. Aquí hicimos amigos, llevamos cervezas maravillosas a las casas de muchas personas y conocimos gente interesantísima que también estaba buscando su lugar en el mundo. Todo lo que vivimos aquí tendrá siempre un lugar muy especial en nuestro corazón. Con suerte, también dejamos algo de nosotros en la comunidad de cerveceros peruanos.
Ahora es momento de dar un paso al lado y enfocarnos en nuestros próximos proyectos.
Hasta pronto, amigos.
Y gracias por tanto.